He llegado a pensar que es un modo de expiar culpas, una hora para ejercitar mi espíritu y poner en orden mi caótica cabeza.
A veces, mientras camino absorta, reacciono súbitamente ante lugares que durante mi recorrido estimulan recuerdos. A principios de la pasada semana sucedió ante la entrada a aquel jardín..., creí haber olvidado y superado, pero... me descubrí llorando entre la multitud.
Angustiada, aparté veloz la mirada, protegiéndome de la gente y aceleré el paso, no quise sentirme al descubierto y cuando más rápido necesitaba escapar, comenzó a llover..., una lluvia tan espesa que me permitió desahogar mi recuerdo sin temor a causar expresiones de curiosidad en otros ojos y tan fría que estimuló la cara hasta relajar mi expresión pausadamente.
Habiendo podido expresarme así esa tarde, me sentí... simple y enormemente AFORTUNADA y segura de no querer volver a practicar insana contención que me ciegue hasta hacerme creer olvidar.
